Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Se levantó para prodigarle sus cuidados, pero al hacerlo dio su cabeza en la bóveda de hielo. Sin hacer caso de este incidente, se inclinó junto a Simpson y empezó a darle friegas en las piernas, que estaban hinchadas y azuladas. Después de un cuarto de hora de este tratamiento quiso levantarse, y, no obstante salir de rodillas, volvió a tocar el techo con la cabeza.
—Es cosa rara —dijo para sí.
Levantó la mano encima de su cabeza y notó que la bóveda bajaba sensiblemente.
—¡Gran Dios! —exclamó—. ¡Alerta, compañeros!
Al oír sus gritos, Hatteras y Bell se levantaron inmediatamente y se golpearon también la cabeza. Estaban en una oscuridad profunda.
—¡Vamos a ser aplastados! —dijo el doctor—. ¡Salgamos! ¡Salgamos!
Y los tres, arrastrando a Simpson, salieron por la abertura y dejaron aquel peligroso retiro.
