Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Bell, por su parte, descubrió un talego muy endurecido, donde se hallaban migajas de galletas perfectamente conservadas.
—¡Oh! —dijo el doctor.
—¿Qué significa eso? —preguntó Bell, suspendiendo su trabajo.
El doctor llamó a Hatteras, el cual acudió al momento.
Duck aullaba con fuerza, y procuraba excavar con sus patas la densa capa de hielo.
—¿Habremos puesto la mano en un depósito de provisiones? —dijo el doctor.
—Es posible —respondió Bell.
—Continuad —dijo Hatteras.
Se encontraron algunos otros restos de alimentos y una caja que contenía una cantidad de pemmican.
—Si esto es un escondrijo —dijo Hatteras—, los osos lo han visitado indudablemente antes que nosotros. Ya veis que estas provisiones no están intactas.
—Es de temer —respondió el doctor—, porque…
Un grito de Bell le interrumpió sin dejarle concluir su frase. Separaron un pedrusco bastante duro; Bell descubrió una pierna rígida y helada que salía por un intersticio de los témpanos.
—¡Un cadáver! —gritó el doctor.