Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras … orpoise
… w York
—¡Altamont! —exclamó el doctor—. ¡Del buque Porpoise! ¡De Nueva York!
—¡Un americano! —murmuró Hatteras estremeciéndose.
—¡Yo lo salvaré! —dijo el doctor—. Respondo de ello, y tendremos la llave de este espantoso enigma.
Volvió junto al cuerpo de Altamont, y Hatteras se quedó pensativo. Gracias a su asiduidad y celo, el doctor consiguió volver a aquel desgraciado a la vida, pero no a la consciencia. No veÃa, no oÃa, no hablaba; pero, en fin, vivÃa.
Al dÃa siguiente, Hatteras dijo al doctor:
—Es, sin embargo, preciso que partamos.
—¡Partamos, Hatteras! El trineo no está cargado: colocaremos en él a este desgraciado, y lo conduciremos al bergantÃn.
—De acuerdo —asintió Hatteras—. Pero antes sepultaremos estos cadáveres.
Los dos marineros desconocidos fueron de nuevo colocados bajo las ruinas de la casa de nieve, y el cadáver de Simpson remplazó el cuerpo de Altamont.
Los tres viajeros tributaron, en forma de plegaria, un último recuerdo a su compañero; a las nueve de la mañana emprendieron su peregrinación hacia el buque.