Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Bell, algo alentado por estas palabras, se dejó dirigir por el viejo marino.
—Entretanto —repuso éste—, el señor Clawbonny se tomará la molestia de ir a buscar el trineo, y volverá con él y con los perros.
—Estoy pronto a partir —respondió el doctor—, y dentro de una hora estaré aquà de vuelta.
—¿Le acompañáis vos, capitán? —añadió Johnson dirigiéndose a Hatteras.
Éste, aunque abismado en sus reflexiones, habÃa oÃdo la pregunta del contramaestre, pues le respondió con voz dulce:
—No, amigo mÃo, si el doctor se quiere tomar la molestia de ir solo… Es preciso que antes que concluya el dÃa se tome una resolución definitiva, y tengo necesidad de estar solo para reflexionar. Id. Haced lo que juzguéis conveniente para salir del paso en estos momentos. Yo pienso en el porvenir.
Johnson volvió hacia donde estaba el doctor.
—Es singular —le dijo—, el capitán parece que ha olvidado toda su cólera; nunca su voz me habÃa parecido tan afable.
—Eso significa que ha recobrado su sangre frÃa —contestó el doctor—. Creedme, Johnson; es muy capaz de salvarnos a todos.