Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —En efecto, no somos nosotros como esos patinadores del Serpentine[35], que temen a cada instante que el frágil suelo les falte bajo los pies; nosotros estamos libres de este percance.
—¿Se conoce la fuerza de resistencia del hielo? —preguntó el viejo marino, ávido siempre de instruirse en compañÃa del doctor.
—Perfectamente —respondió éste—. ¿Quién ignora actualmente nada de lo que es susceptible de medirse, exceptuando la ambición humana? ¿No es ella en realidad la que nos precipita hacia ese polo boreal que el hombre quiere al fin conocer? Pero volviendo a nuestra pregunta, he aquà lo que puedo responderos. Teniendo dos pulgadas de grueso, el hielo resiste el peso de un hombre; teniendo tres y media resiste un caballo con su jinete; teniendo cinco, resiste una pieza de a ocho; teniendo ocho, resiste una baterÃa de campaña con sus tiros, y, por último, teniendo diez, resiste todo un ejército, una multitud inmensa. En el punto en que nos hallamos en este momento, se podrÃa edificar sobre el hielo la Aduana de Liverpool o el palacio del Parlamento de Londres.