Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Cuesta trabajo —respondió Johnson— concebir una resistencia semejante; pero hace poco, señor Clawbonny, hablabais de la nieve que cae casi todos los dÃas en estas comarcas. El hecho es evidente, y por consiguiente no lo discuto, pero ¿de dónde procede toda esta nieve? Estando los mares helados, no veo cómo pueden ellos dar origen a la inmensa cantidad de vapor que forman las nubes.
—Vuestra observación es justa, Johnson, y no se puede contestar a ella sino admitiendo, como admito yo, que la mayor parte de la nieve o de la lluvia que recibimos en estas regiones polares está formada del agua de los mares de las zonas templadas. Hay copo tal vez que, siendo en un principio una simple gota de agua de un rÃo de Europa, se ha elevado por el aire en forma de vapor, se ha convertido en nube y ha venido, al fin, a condensarse aquÃ, de suerte que es muy posible que bebiendo nosotros esta nieve, apaguemos la sed con el agua de los mismos rÃos de nuestro paÃs.
—Tenéis siempre respuesta para todo —respondió el contramaestre.
En aquel momento, la voz de Hatteras rectificando los errores del camino interrumpió la conversación. La bruma se condensaba más y más, y hacÃa difÃcil el seguir una lÃnea recta.