Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El 5 de marzo fue testigo de un fenómeno particular de aquella latitud. El cielo estaba perfectamente sereno y tachonado de estrellas, y, sin embargo, nevó abundantemente sin que hubiese la menor apariencia de nubes. Las constelaciones resplandecían entre los copos que caían en el campo de hielo con una elegante regularidad. La nevada duró aproximadamente dos horas, y cesó antes de que el doctor pudiese explicársela satisfactoriamente.
Se había entonces desvanecido el último cuarto de luna, y de las veinticuatro horas del día había diecisiete de una intensa oscuridad. Los viajeros tuvieron que unirse unos a otros por medio de una larga cuerda para no separarse, siendo absolutamente imposible seguir el camino en línea recta.

Sin embargo, aquellos hombres intrépidos, aunque sostenidos por una voluntad de hierro, empezaban a fatigarse. Los altos iban siendo más frecuentes, a pesar de que no podían perder una hora, pues las provisiones disminuían de una manera sensible.