Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras determinaba frecuentemente la posición con el auxilio de observaciones lunares y siderales. Viendo que pasaban dÃas y que no se llegaba al término del viaje, se preguntaba algunas veces si el Porpoise existÃa realmente, pues era muy posible que el americano se hubiese vuelto loco a consecuencia de sus padecimientos, y tampoco hubiera sido muy extraordinario que, por odio a los ingleses, viéndose él perdido irremisiblemente, quisiera arrastrarles a una muerte cierta.
Comunicó sus recelos al doctor, el cual los rechazó de una manera absoluta, pero comprendió que entre el capitán inglés y el americano existÃa una rivalidad funesta.
«DifÃcil será —se dijo— mantener en buenas relaciones a esos dos hombres».
El 14 de marzo, después de dieciséis dÃas de marcha, los viajeros no se hallaban aún más que a los 82° de latitud; sus fuerzas estaban agotadas, y se veÃan aún a 100 millas de distancia del buque. Para colmo de desdichas, fue menester reducir a una cuarta parte la ración de los hombres para poder seguir dándola entera a los perros.
Desgraciadamente, no se podÃa contar con los recursos de la caza, porque no quedaban ya más que siete cargas de pólvora y seis balas. Se habÃa tirado inútilmente a algunas zorras y liebres blancas, que eran además muy escasas, y no se mató ninguna.