Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Sin embargo, el viernes 15, el doctor tuvo la buena fortuna de sorprender una foca tendida en el hielo. La hirió con varias balas, y el animal, no pudiendo escaparse por su agujero, cerrado de antemano, fue muy pronto cogida y rematada. Era de gran tamaño; Johnson la hizo pedazos con gran destreza, pero estaba el anfibio tan sumamente flaco, que apenas sacaron de él partido alguno unos hombres que no supieron decidirse, como los esquimales, a beber su aceite.

Sin embargo, el doctor intentó resueltamente introducir en su boca aquel licor pegajoso, pero con toda su fuerza de voluntad no pudo conseguirlo. Conservó la piel del animal, sin saber por qué, por instinto de cazador, y la colocó en el trineo.
Al día siguiente, 16, se percibieron en el horizonte algunos icebergs y montecillos de hielo. ¿Era aquello el indicio de una costa próxima o un mero accidente del icefield? ¿Quién era capaz de decirlo?
Llegados a uno de los hummocks, los viajeros se aprovecharon de él para ahuecarlo y formarse una guarida más cómoda que la tienda con el auxilio del cuchillo para nieve[36], y, después de tres horas de un trabajo asiduo, pudieron tenderse al fin alrededor de la estufa.