Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Hallaremos siquiera el buque en el punto indicado? —preguntó Bell, a quien las fatigas del camino abatÃan a pesar suyo.
—¿Por qué dudarlo? —respondió el contramaestre Johnson—; la salvación del americano responde de la nuestra.
El doctor, para mayor seguridad, quiso interrogar de nuevo a Altamont. Éste hablaba con bastante facilidad, aunque con voz débil, y confirmó todos los pormenores que tenÃa dados. Repitió que el buque, varado en unas rocas de granito, no habÃa podido moverse, y que se hallaba a los 120° 15′ de longitud y 83° 35′ de latitud.
—No podemos dudar de esta afirmación —repuso entonces el doctor—. La dificultad no está en encontrar al Porpoise, sino llegar a él.
—¿Qué nos queda de provisiones? —preguntó Hatteras.
—Lo suficiente, todo lo más, para vivir tres dÃas —respondió el doctor.
—Pues bien, es preciso llegar en tres dÃas —dijo enérgicamente el capitán.