Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Muy bien dicho, valiente Johnson! —dijo el doctor tendiendo la mano al viejo marino.
—¡Hágase como queréis! —respondió Shandon.
Volvió entonces cada cual a su camarote, y todos aguardaron, sin poder fácilmente conciliar el sueño, la salida del sol.
Al dÃa siguiente se distribuyeron en la ciudad las cartas recién llegadas, y ninguna habÃa con el sobre dirigido al comandante Ricardo Shandon.
Éste, sin embargo, hizo sus preparativos de marcha, lo que se supo inmediatamente en Liverpool, y una afluencia extraordinaria de espectadores se precipitó hacia los andenes de New Prince’s Docks.

Muchos pasaron a bordo del bergantÃn, cuál para abrazar por última vez a un camarada, cual otro para disuadir a un amigo, cual otro, en fin, para conocer el objeto de su viaje, quedando burlados por la taciturnidad y reservas del comandante, cuya impenetrabilidad iba en aumento.
Para ello tenÃa sus razones.