Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Dieron las diez. Dieron las once. La marea debÃa empezar a bajar a la una de la tarde. Shandon, desde lo alto de la popa, miraba con inquietud a la muchedumbre, queriendo sorprender en algún semblante cualquier secreto de su destino. Pero en vano. Los marineros del Forward ejecutaban silenciosamente sus órdenes sin perderle de vista y aguardando incesantemente una comunicación que nunca llegaba.
El contramaestre Johnson concluÃa los preparativos para ir aparejando. El tiempo estaba cubierto, y el oleaje era muy fuerte fuera de las dársenas; el sudoeste soplaba con alguna violencia, mas no por eso era difÃcil salir del Mersey.
Dieron las doce, y seguÃa la misma incertidumbre. El doctor Clawbonny se paseaba con agitación, mirando con el anteojo, gesticulando, impaciente de mar, como decÃa él con cierta elegancia latina. Se sentÃa conmovido hasta lo sumo. Shandon se mordÃa los labios.
En aquel momento, Johnson se le acercó y le dijo:
—Comandante, si queréis aprovechar la marea, no perdáis tiempo; necesitamos más de una hora para salir de los docks.
Shandon paseó en torno suyo una última mirada y consultó su reloj. Eran más de las doce.
—¡Manos a la obra! —dijo al contramaestre.
—¡Allá vamos! —gritó éste, y dio orden a los curiosos de dejar libre la cubierta del Forward.