Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Altamont, desde lo alto del trineo, observaba el horizonte con una atención febril, y sus compañeros experimentaban una inquietud involuntaria. Las últimas observaciones solares habían dado por latitud exacta 83° 35′ y por longitud 120° 15′. Ésta era la situación que se suponía ocupaba el buque americano, y, por tanto, aquel mismo día debía resolverse lo que para ellos era cuestión de vida o muerte.
En fin, a cosa de las dos de la tarde, Altamont, poniéndose en pie, detuvo con un sonoro clamor a la comitiva, indicó con la mano una mole blanca que otra mirada cualquiera hubiese confundido con los icebergs circundantes, y gritó con toda la fuerza de sus pulmones.
—¡El Porpoise!