Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Asà lo reconocieron el capitán, el doctor y Johnson, después de haber penetrado no sin trabajo en el interior del bergantÃn. Necesario fue quitar más de quince pies de hielo para llegar a la escotilla; pero con alegrÃa general se vio que los animales, de los que se encontraban en el campo numerosas huellas, habÃan respetado el precioso depósito de provisiones.
—Si bien es verdad —dijo Johnson— que tenemos aquà combustible y municiones de boca en abundancia, este casco no nos sirve de abrigo.
—Pues bien —respondió Hatteras—, es preciso construir una casa de nieve y establecernos lo mejor que podamos en el continente.
—Sin duda —respondió el doctor—; pero no nos precipitemos y hagamos las cosas en regla. En rigor, podemos alojamos provisionalmente en el buque, y, entretanto, construiremos una casa sólida, capaz de protegemos contra el frÃo y los animales. Yo seré el arquitecto y veréis cómo me porto.
—No dudo de vuestro talento, señor Clawbonny —respondió Johnson—; instalémonos aquà de cualquier modo, y hagamos el inventario de lo que el buque contiene. No veo, desgraciadamente, ninguna lancha ni bote, y el mal estado de estos restos no nos permite pensar en ellos para construir una embarcación.