Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sin duda —repuso el doctor—. Durante los meses de verano, ¿quién nos impedirá verificar un reconocimiento por tierra?
—¡Por tierra, sÃ! Pero ¿y por mar?
—¿No se puede construir una lancha con las tablas del Porpoise?
—Una lancha americana, ¿no es verdad? —respondió desdeñosamente Hatteras—. Y mandada por ese americano.
El doctor comprendió la repugnancia del capitán, y no creyó oportuno llevar la cuestión más adelante. Dio, pues, a la conversación otro giro.
—Ahora que sabemos a qué atenernos respecto a provisiones —repuso—, es menester construir almacenes para ellas y una casa para nosotros. Los materiales no faltan y podemos albergarnos muy cómodamente. Espero, Bell —dijo el doctor dirigiéndose al carpintero—, que vais a luciros, amigo mÃo. Yo, además, podré daros algunos buenos consejos.
—Estoy dispuesto, señor Clawbonny —respondió Bell—, y, si necesario fuese, me comprometerÃa a construir con los enormes pedazos de hielo que tenemos a nuestra disposición una ciudad entera con sus casas y sus calles.