Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras A la mitad de la costa, el doctor notó una especie de meseta circular que tenÃa más de doscientos pies de diámetro, la cual dominaba la bahÃa por tres lados, estando el cuarto cerrado por un acantilado, cortado a pico, de una elevación de veinte toesas, a cuya cima no se podÃa llegar sino por medio de peldaños labrados en el hielo. Aquel punto pareció propio para levantar una construcción sólida y fortificarse debidamente. La Naturaleza habÃa hecho los primeros gastos, y bastaba aprovecharse de la disposición del terreno.
El doctor, Bell y Johnson alcanzaron la meseta tallando con el hacha los témpanos, que estaban perfectamente unidos. El doctor, después de haber reconocido la excelencia del emplazamiento, resolvió librarlo de los diez pies de nieve endurecida que lo cubrÃan, pues era preciso edificar la habitación y los almacenes sobre una base sólida.
El lunes, martes y miércoles, se trabajó sin descanso. Apareció al fin la tierra, que estaba formada de un granito muy duro y de grano apretado, conteniendo además granates y grandes cristales de feldespato que descubrió el azadón.