Aventuras del capitan Hatteras

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El doctor dio entonces las dimensiones y el plano de la casa de nieve, que debía tener cuarenta pies de longitud, veinte de anchura y diez de altura. Estaba dividida en tres piezas o departamentos: un salón, un cuarto para dormir y una cocina. No se necesitaba más. La cocina estaba a la izquierda, el dormitorio a la derecha y el salón en medio.

Se trabajó cinco días asiduamente. Los materiales no escaseaban. Las paredes habían de ser bastante gruesas para resistir el deshielo, pues ni aun en verano quería el doctor correr el riesgo de quedarse sin abrigo.

A medida que se levantaba la casa, tomaba buen aspecto. Tenía en la fachada cuatro ventanas, de las cuales dos correspondían al salón, una a la cocina y otra al dormitorio. Los cristales eran magníficas tablas de hielo, según usanza de los esquimales, y permitían el paso a una luz suave como la que atraviesa el vidrio deslustrado.

Delante del salón, entre sus dos ventanas, había un largo corredor, a manera de galería, cubierta o colgadiza, que daba entrada a la casa, cerrándola herméticamente una puerta sólida que había pertenecido a la cámara del Porpoise.


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