Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Cuando estuvo terminada la casa, el doctor quedó encantado de su obra. DifÃcil hubiera sido determinar a qué estilo de arquitectura pertenecÃa aquella construcción, si bien el arquitecto hubiera preferido a todo el goticosajón tan popular en Inglaterra. Pero la solidez era lo principal, por lo que el doctor se limitó a revestir la fachada de robustos contrafuertes, macizos como pilares romanos. Encima, un tejado muy pendiente se apoyaba en la pared de granito, la cual servÃa igualmente para sostener los tubos de las estufas que conducÃan el humo afuera.

Terminada la gran obra, se procedió al arreglo del mobiliario. Se trasladaron al cuarto de dormir los coys del Porpoise, que se colocaron circularmente alrededor de una gran estufa. En el salón, que sirvió también de comedor, se pusieron banquetas, sillas, sillones, mesas y armarios, y la cocina recibió los hornillos del buque con todos sus utensilios. Las velas tendidas en el suelo servÃan de tapices, y ejercÃan también en las puertas interiores, que no tenÃan otro medio de cerrarse, las funciones de mamparas.
Las paredes de la casa medÃan comúnmente un espesor de cinco pies, y los huecos de las ventanas parecÃan troneras de cañón.