Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Era un palacio de hadas, amigo mÃo. La casa, construida por orden de la emperatriz Ana, que, en 1740, hizo celebrar en ella los esponsales de uno de sus bufones, tenÃa casi las dimensiones de la nuestra; pero delante de su fachada habÃa, puestos en sus cureñas, seis cañones de hielo, con los que, sin que reventasen, se dispararon muchos cañonazos con pólvora y bala. HabÃa igualmente morteros que tiraban bombas de setenta libras, y por consiguiente nosotros, en caso necesario, podrÃamos artillarnos de una manera formidable. El bronce no está lejos y nos cae del cielo. Pero donde sobresalieron el gusto y el arte fue en el frontis del palacio, adornado con estatuas de hielo de sorprendente hermosura. La graderÃa exterior de la fachada estaba llena de jarrones con flores y macetas con naranjos, todo hecho de hielo, y a la derecha se levantaba un enorme elefante que durante el dÃa arrojaba chorros de agua y durante la noche rÃos de petróleo ardiendo. ¡Oh! ¡Qué casa tan completa harÃamos nosotros, si quisiéramos!
—Se me figura —replicó Johnson— que animales no nos faltarán, y no por ser de hielo serán menos interesantes.