Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras 
A los postres aparecieron los licores, pues el americano no estaba sometido al régimen de los teetotalers ingleses[38], y no habÃa ninguna razón para que él se privase de un vaso de ginebra o de brandy. Los otros invitados, sobrios ordinariamente, podÃan, sin inconveniente, permitirse en tan señalado dÃa una infracción a la regla, sobre todo cuando para ello les autorizó el mismo médico. Durante los brindis, dirigidos a la Unión, Hatteras no hizo más que guardar silencio.
Entonces fue cuando el doctor suscitó una cuestión interesante.
—Amigos mÃos —dijo—, no basta haber salvado los estrechos, los bancos y los campos de hielo, y haber llegado hasta aquÃ; nos quedan aún por hacer algunas cosas. Os propongo dar nombres a esta tierra hospitalaria, en que hemos encontrado la salvación y el reposo. Ésta es la costumbre seguida por todos los navegantes del mundo, sin que ninguno haya faltado nunca a ella, y, por consiguiente, nosotros, al regresar a nuestra patria, debemos enseñar, al mismo tiempo que la configuración hidrográfica de las costas, los nombres con que se distinguen los cabos, las bahÃas, las puntas y los promontorios. Eso es absolutamente necesario.