Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —No es nuevo —respondió Altamont—. Es un mar que se halla indicado en todas las cartas del Polo. Se llama océano Boreal, y no creo sea oportuno variar su nombre. Más adelante, si descubrimos que no es más que un estrecho o un golfo, veremos lo que hay que hacer.
—Sea —dijo Hatteras.
—Sea —respondió el doctor, sintiendo casi haber suscitado una discusión preñada de rivalidades nacionales.
—Lleguemos, pues, a la tierra que pisamos en este momento —replicó Hatteras—. Yo no sé que tenga nombre alguno en las cartas más modernas.
Tal diciendo, fijó una mirada en Altamont, el cual no bajó los ojos, y respondió:
—Acaso estéis engañado, Hatteras.
—¡Engañado! ¡Cómo! Esta tierra desconocida, este paÃs nuevo…
—Tiene ya un nombre —respondió tranquilamente el americano.
Hatteras calló. Sus labios temblaron.
—¿Qué nombre tiene? —preguntó el doctor, a quien la rotunda afirmación del americano dejó casi atónito.