Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Perfectamente —dijo Altamont.
—Ya no nos queda más que bautizar nuestro fuerte —repuso el doctor—. Y respecto al particular no habrá discusión, pues no es ni a Su Graciosa Majestad la reina Victoria ni a Washington, a quienes debemos el albergue que tenemos en este momento, sino a Dios, cuya inmensa bondad nos ha salvado a todos. ¡Que este fuerte se llame, pues, «Fuerte Providencia»!
—Muy acertado —respondió Altamont.
—El «Fuerte Providencia» —dijo Johnson— viene muy bien. AsÃ, pues, al volver de nuestras excursiones del Norte, tomaremos por el cabo Washington para ganar la bahÃa Victoria, y desde allà el «Fuerte Providencia» donde hallaremos alimento y descanso en la «Casa del Doctor».