Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Está entendido —respondió el doctor—. Más adelante, a medida que vayamos descubriendo, tendremos que dar otros nombres que no provocarán desavenencias. Asà lo espero. Porque, amigos mÃos, aquà es preciso sostenerse y amarse. Nosotros representamos la Humanidad entera en este extremo de costa; no nos abandonemos, pues, a estas detestables pasiones que destrozan las sociedades; reunámonos de modo que seamos fuertes e inquebrantables contra la adversidad. ¡Quién sabe los peligros que el cielo nos reserva y los padecimientos que tendremos que arrostrar antes de volver a ver a nuestro paÃs! Seamos, pues, cinco en uno solo, y dejemos a un lado rivalidades que no tienen jamás razón de ser, y aquà menos que en ninguna otra parte. ¿Me entendéis, Altamont? ¿Y vos, Hatteras?
Los dos capitanes no respondieron, pero el doctor hizo como si hubiesen respondido.
Después se habló de otra cosa. Se trató de organizar cacerÃas para renovar y variar las provisiones de carne. Con la primavera debÃan volver las liebres, las perdices, las zorras y hasta los osos, por lo que se resolvió no dejar pasar un solo dÃa favorable sin practicar un reconocimiento por las tierras de Nueva América.