Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡SÃ, un faro! Un faro que tendrá una doble ventaja; nos guiará durante la noche, cuando volvamos de nuestras excursiones lejanas, y alumbrará la meseta durante nuestros ocho meses de invierno.
—Sin duda —respondió Altamont—, un aparato semejante serÃa sumamente útil, pero ¿cómo vais a establecerlo?
—Con uno de los faroles del Porpoise.
—Convenido. Pero ¿con qué alimentaréis la luz de vuestro faro? ¿Con aceite de foca?
—¡No! La luz producida por el aceite que decÃs no alumbrarÃa bastante, y podrÃa apenas atravesar la niebla.
—¿Pretendéis extraer de nuestro aceite el hidrógeno que contiene y hacernos gas de alumbrado?
—Tampoco. Esta luz serÃa también insuficiente, y tendrÃa, además, el grave inconveniente de consumir una parte de nuestro combustible.
—Entonces —dijo Altamont—, no acierto a adivinar…
—En cuanto a mà —respondió Johnson—, desde lo de la bala de mercurio y lo de la lente de hielo, y la construcción de «Fuerte Providencia», considero al señor Clawbonny capaz de todo.
—Pues bien —repuso Altamont—, ¿queréis decirnos qué genero de faro pretendéis establecer?