Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Es muy sencillo —respondió el doctor—, un faro eléctrico.
—¡Un faro eléctrico!
—Sin duda. ¿No tenÃais a bordo del Porpoise una pila de Bunsen en muy buen estado?
—Sà —respondió el americano.
—Evidentemente, cuando os la trajisteis tenÃais intenciones de hacer algunos experimentos, pues nada le falta, ni los hilos conductores, perfectamente aislados, ni el ácido necesario para poner en actividad los elementos. Es, pues, fácil procurarnos luz eléctrica. Veremos mejor y no nos costará nada.
—Perfectamente —respondió el contramaestre—. Y cuanto menos tiempo perdamos…
—Pues bien, los materiales están allà —respondió el doctor—. Y en una hora habremos levantado una columna de hielo de diez pies de altura, que será más que suficiente.
El doctor salió y sus compañeros lo siguieron hasta la cumbre del cono. La columna se levantó con prontitud, y encima de ella se colocó uno de los faroles del Porpoise.
