Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Evidentemente —preguntó Altamont—, ¿esta voracidad es particular a los habitantes de los paÃses frÃos?
—Tal creo —respondió el doctor—; en las regiones árticas es necesario comer mucho. Ésta es una de las exigencias, no sólo de la reparación de las fuerzas fÃsicas, sino hasta de la existencia. Asà es que la compañÃa de la bahÃa de Hudson señala a cada hombre diariamente ocho libras de carne, o 12 de pescado, o 2 de pemmican.
—Es un régimen reconfortante —dijo el carpintero.
—No tanto como suponéis, amigo mÃo. Un indio, alimentado según dicho régimen, no trabaja más que un inglés nutrido con una libra de buey y una botella de cerveza.
—Entonces, señor Clawbonny, bien estamos como estamos.