Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pero aquÃ, más allá del cÃrculo polar, ¿qué grado de temperatura puede alcanzarse? —preguntó Altamont.
—Creo, en verdad —respondió el doctor—, que hemos experimentado los mayores frÃos que se hayan observado nunca, pues el termómetro de alcohol señaló un dÃa 72° bajo cero (-58° centÃgrados), y si mis recuerdos son exactos, las más bajas temperaturas reconocidas hasta hoy por los viajeros árticos son sólo de 61° en la isla de Melville, 65° en Puerto Félix y 70° en Fort Reliance (-56,7° centÃgrados).
—Sà —dijo Hatteras—, nos ha detenido un rudo invierno…, por desgracia.
—¿Os ha detenido? —preguntó Altamont, mirando de hito en hito al capitán.
—En nuestro viaje al Oeste —se apresuró a decir el doctor.
—AsÃ, pues —dijo Altamont volviendo a la conversación—, ¿el máximo y el mÃnimo de temperaturas arrostradas por el hombre ofrecen una diferencia de unos doscientos grados?
—Sà —respondió el doctor—, un termómetro expuesto al aire libre y al abrigo de toda reverberación no se eleva nunca más de 135° sobre cero (+ 57° centÃgrados), ni en los grandes frÃos desciende nunca debajo de los -72° (-58° centÃgrados). Ya veis, pues, camaradas, que sabemos a qué atenernos.