Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Deseaba con ardor que llegase el deshielo para volver a sus excursiones, y, sin embargo, no veía sin miedo acercarse aquel momento, porque preveía entre Hatteras y Altamont escenas graves. Si se llegaba al Polo, ¿a qué extremos conduciría la rivalidad de aquellos dos hombres?
Era preciso estar preparado para cuando llegara el caso, y entretanto hacer todo lo posible para poner en buena inteligencia a los dos rivales e inducirles a adoptar una franca comunión de ideas. ¡Pero qué misión tan difícil era reconciliar a un americano y un inglés, dos hombres a quienes su común origen volvía aún más enemigos, el uno penetrado de toda la aversión insular y el otro dotado del espíritu especulativo, audaz y brutal de su nación poco aficionada a fórmulas!
Cuando el doctor reflexionaba sobre la implacable antipatía de los hombres y la rivalidad de las nacionalidades, no se encogía de hombros, como hacen muchos, sino que no podía dejar de lamentar amargamente las debilidades humanas.
Con frecuencia conversaba con Johnson acerca del particular, y estaban los dos enteramente de acuerdo. Se preguntaban qué partido sería menester tomar, por qué camino llegarían a su objetivo, y entrevieron para el porvenir muchas complicaciones.
