Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Borrando sus pisadas en una parte del terreno que han recorrido, y si mañana encontramos huellas nuevas será evidente que el «Fuerte Providencia» es el objeto en que los osos tienen puestas sus miras.
—Bueno —respondió el doctor—, asà sabremos al menos a qué atenernos.
Los tres cazadores, rascando la nieve, hicieron muy pronto desaparecer las pisadas en un espacio de unas cien toesas.
—Es, sin embargo, singular —dijo Bell— que esos animales nos hayan olido desde tanta distancia, pues no hemos quemado ninguna sustancia grasienta propia para atraerlos.
—¡Oh! —respondió el doctor—. Los osos están dotados de una vista muy penetrante y de un olfato muy sutil; son, además, muy inteligentes, los más inteligentes tal vez de todos los animales, y han olido por aquà algo a que no están acostumbrados.
—¿Y quién nos dice —repuso Bell— que durante la tempestad no hayan avanzado hasta la meseta?
—Entonces —respondió el americano—, ¿por qué se habrÃan detenido en este lÃmite?
—SÃ, no hay nada que replicar a eso —dijo el doctor—. Y debemos creer que poco a poco estrecharán el cÃrculo de sus investigaciones alrededor del «Fuerte Providencia».
—Allá veremos —respondió Altamont.