Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Entretanto, prosigamos nuestra marcha —dijo el doctor—; pero ojo alerta.
Los cazadores vigilaron con atención, pues podÃan temer que algunos osos se hubieran emboscado detrás de los montecillos de hielo. Más de una vez tomaron los gigantescos témpanos por osos, pues muchos tenÃan su tamaño y su blancura. Pero al cabo, con gran satisfacción suya, comprendieron que todo eran ilusiones.
Regresaron, por fin, al cono, y desde allà su mirada no descubrió ningún peligro desde el cabo Washington hasta la isla Johnson.
Nada vieron; todo era inmovilidad y blancura; nada oyeron: ni un rumor, ni un chasquido.
Entraron en la casa de nieve.
Pusieron a Hatteras y a Johnson al corriente de la situación, y se resolvió vigilar con la atención más escrupulosa. Vino la noche; nada turbó su calma espléndida, nada se oyó que indicase la inminencia de un peligro.
Al dÃa siguiente, al rayar el alba, Hatteras y sus compañeros, bien armados, fueron a reconocer el estado de la nieve, y en ella encontraron huellas idénticas a las de la vÃspera, pero más cercanas. Evidentemente, los enemigos tomaban sus disposiciones para el sitio de «Fuerte Providencia».
—Han abierto su segunda paralela —dijo el doctor.