Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —En cuanto a mà —repuso Hatteras—, aunque tuviera que ir solo, irÃa hasta el Polo Norte, del cual nos hallamos, todo lo más, a 360 millas. Nunca otros hombres se habÃan aproximado tanto a este término apetecido, y yo no perderé esta ocasión propicia sin haberlo intentado todo, hasta lo imposible. ¿Cuáles son, acerca del particular, vuestros proyectos?
—Los vuestros —respondió el doctor.
—¿Y los vuestros, Johnson?
—Los del doctor —respondió el contramaestre.
—Ahora hablad vos, Bell —dijo Hatteras.
—¡Capitán —respondió el carpintero—, nosotros, es verdad, no tenemos familia que nos aguarde en Inglaterra; pero, en fin, el paÃs es el paÃs! ¿No pensáis, pues, en regresar?
—El regreso —repuso el capitán— se puede verificar lo mismo después del descubrimiento del Polo. Mejor aún. Las dificultades no aumentarán, porque remontando, nos alejamos de los puntos más frÃos del Globo. Tenemos aún combustible y provisiones para mucho tiempo. Nada puede, pues, detenernos, y serÃamos culpables si no llegásemos hasta el fin.
—Pues bien —respondió Bell—, todos somos de vuestra opinión, capitán.
—Bien —respondió Hatteras—. Yo no he dudado jamás de vosotros. Triunfaremos, amigos mÃos, y de Inglaterra será toda la gloria de nuestro triunfo.