Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pero hay un americano entre nosotros —dijo Johnson.
Hatteras, al oÃr esta observación, no pudo reprimir un gesto de cólera.
—Lo sé —dijo con voz grave.
—Y no podemos abandonarle —repuso el doctor.
—¡No! ¡No podemos! —respondió maquinalmente Hatteras.
—Y él irá a donde vayamos.
—¡SÃ, irá! Pero ¿quién mandará?
—Vos, capitán.
—Y obedeciéndome vosotros, ¿se negará ese yanqui a obedecerme?
—No lo creo —respondió Johnson—, pero ¿y si no quisiera someterse a vuestras órdenes?
—Entonces la cuestión será entre él y yo.
Los tres ingleses miraron a Hatteras y callaron. El doctor volvió a tomar la palabra.
—¿Cómo viajaremos? —dijo.
—Siguiendo la costa en cuanto sea posible —respondió Hatteras.
—Pero si hallamos el mar libre, como es probable…
—Lo pasaremos.
—¿De qué modo? No tenemos embarcación.
Hatteras no respondió. ¿Qué podÃa responder?