Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras «Veo —pensó Johnson— que han llegado a buen sitio».
Sonaron otros tres disparos más próximos.
«¡Seis tiros! —dijo Johnson—. Ahora tienen las armas descargadas. La refriega ha sido dura. ¿Si por acaso…?».
A la idea que se le ocurrió, Johnson se puso pálido, salió rápidamente de la casa de nieve, y en pocos instantes se encaramó por la cuesta hasta la cúspide del cerro.
Lo que vio le hizo estremecerse.
Los tres cazadores, seguidos de Duck, venÃan corriendo a todo correr, perseguidos por cinco animales gigantescos, a quienes no pudieron derribar sus seis balas. Los osos les acosaban de cerca; Hatteras, que era el más rezagado, no consiguió aumentar la distancia que le separaba de los animales, sino echándoles sucesivamente su gorra, su hacha y hasta su escopeta. Los osos se detenÃan, según tienen por costumbre, para olfatear el objeto echado a su curiosidad, y perdÃan algo de terreno. Su marcha era tan veloz que hubieran dejado atrás al caballo más ligero.

Hatteras, Altamont y Bell, jadeantes y sufridos, llegaron junto a Johnson y desde lo alto de la escarpa se deslizaron con él hasta la casa de nieve.