Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Los cinco osos les tocaban, y el capitán tuvo que parar con un cuchillo la violenta zarpada de uno de ellos.
En un abrir y cerrar de ojos, Hatteras y sus compañeros quedaron encerrados en la casa. Los animales se detuvieron en la meseta superior formada por el cono truncado.
—¡En fin —exclamó Hatteras—, podremos defendemos con menos desventaja siendo cinco contra cinco!
—¿Dónde están los cinco? —exclamó Johnson aterrorizado.
—¿Cómo? —exclamó Hatteras.
—¡El doctor! —respondió Johnson, mostrando el salón vacÃo.
—¿Y qué?
—¡Se ha ido por el lado de la isla!
—¡Desgraciado! —exclamó Bell.
—No podemos abandonarle —gritó Altamont.
—¡Corramos! —dijo Hatteras.
Abrió rápidamente la puerta, pero apenas tuvo tiempo de volverla a cerrar; poco le faltó para que un oso le rompiese el cráneo de una zarpada.
—¡Aquà están! —exclamó.
—¿Todos? —preguntó Bell.
—¡Todos! —respondió Hatteras.