Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Esta situación duraba hacÃa ya más de una hora, y nada dejaba prever su término. Se discutieron entonces las probabilidades de éxito de una salida, y se vio que eran muy escasas, pues los osos no podÃan ser combatidos separadamente. Sin embargo, Hatteras y sus compañeros, deseosos de acabar de una vez, y avergonzados de verse presos por unos cuantos animales, iban a intentar un ataque directo, cuando el capitán ideó un nuevo sistema de defensa.
Cogió el poker[41], que servÃa a Johnson para descargar sus hornillos, y lo puso encima de las ascuas de la estufa, practicó luego una abertura en la pared de nieve, pero sin prolongarla hasta el exterior, de suerte que conservase hacia la pared de afuera una ligera capa de hielo.
Sus compañeros estaban mirando lo que hacÃa. Cuando el poker se puso rojo, Hatteras tomó la palabra y dijo:
—Esta barra candente va a servirme para rechazar a los osos, que no podrán cogerla, y nos será fácil por la aspillera hacer contra ellos un fuego nutrido, sin que puedan arrancamos las armas.
—¡Bien pensado! —exclamó Bell, apostándose cerca de Altamont.