Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Sus compañeros quedaron atónitos; pero a su asombro sucedió la alegrÃa; todos quisieron abrazar al digno hombre; Hatteras, muy conmovido, le tuvo abrazado mucho tiempo. El doctor le contestó con el más afectuoso apretón de manos.
—¡Vos aquÃ, señor Clawbonny! —dijo el contramaestre.
—SÃ, mi querido Johnson, y vuestra suerte me tenÃa tan alarmado como a vosotros la mÃa.
—Pero ¿cómo habéis sabido que estábamos sitiados por una chusma de osos? —preguntó Altamont—. TemÃamos que volvieseis tranquilamente al «Fuerte Providencia» sin sospechar el peligro.