Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Que tengo que presentaros un compañero.

Y asà diciendo, el doctor sacó de la galerÃa el cuerpo de una zorra recién muerta.
—¡Una zorra! —exclamó Bell.
—Mi caza de esta mañana —respondió modestamente el doctor—, y ya veréis cómo nunca se ha muerto una zorra de más provecho.
—Pero, en fin, ¿cuál es vuestro plan? —preguntó Altamont.
—Tengo la pretensión —respondió el doctor— de volar todos los osos a la vez con cien libras de pólvora.
Miraron todos al doctor con sorpresa.
—Pero ¿y la pólvora? —Le preguntaron.
—Está en el polvorÃn.
—¿Y el polvorÃn?
—Por este agujero se va a él. No sin intención he abierto una galerÃa de cien toesas de longitud. PodÃa haber atacado el parapeto más cerca de la casa; pero tenÃa una idea.
—En fin, ¿dónde pretendéis establecer la mina? —preguntó el americano.
—En el frente mismo de nuestra descarga, es decir, en el punto más lejano de la casa, del polvorÃn y de los almacenes.