Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Los quince días que sucedieron a la gran refriega de los osos se emplearon en ocupaciones diversas. El deshielo hizo visibles progresos, el termómetro ascendió a 32° sobre cero (0° centígrados); los torrentes empezaban a mugir en las barrancas, y millares de cataratas se improvisaron en las laderas de las colinas.
El doctor, después de haber preparado cierta extensión de terreno, sembró en ella berros, acederas y codearías. Veía salir de la tierra algunos verdes tallos, cuando, de repente, con una rapidez inconcebible, el frío reapareció y recobró su imperio.
En una sola noche, sobreviniendo una violenta brisa del Norte, volvió a perder el termómetro cerca de 40“, pues descendió a los 8° bajo cero (-22° centígrados). Todo quedó helado. Aves, cuadrúpedos, anfibios, todos desaparecieron como por encanto; volviéronse a cerrar los agujeros de las focas; desaparecieron las quebrajas; el hielo recobró su dureza de granito, y las cascadas, detenidas en su caída, se convirtieron en prolongados carámbanos de cristal.
Era aquélla una metamorfosis que se veía realizar; se produjo en la noche del 11 al 12 de mayo, y cuando Bell, por la mañana sacó las narices al aire libre, estuvo expuesto a quedarse sin ellas.
