Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Una noche, después de un dÃa bastante caluroso, durante el cual los sÃntomas de descomposición de los hielos se manifestaban más claramente, hizo girar la conversación sobre el mar libre, que era para él el más interesante de los objetos.
Repitió la serie de argumentos que le eran familiares, y halló como siempre en el doctor un acérrimo partidario de su doctrina. Sus conclusiones no dejaban de ser justas.
—Es evidente —dijo— que si el océano se libra de sus hielos delante de la bahÃa Victoria, su parte meridional será igualmente libre hasta Nuevo Cornualles y hasta el canal de la Reina. Asà lo han visto Penny y Belcher, y lo han visto sin duda alguna.
—Creo lo mismo que vos, Hatteras —respondió el doctor—, y no hay nadie autorizado para poner en duda la buena fe de tan ilustres marinos. Se ha querido suponer que se habÃan dejado engañar por un efecto de espejismo; pero se mostraban demasiado afirmativos para no estar seguros del hecho.
—Yo he opinado siempre del mismo modo —dijo Altamont, que tomó entonces la palabra—; el mar polar se extiende no sólo hacia el Oeste, sino también hacia el Este.
—Asà es de suponer, en efecto —respondió Hatteras.