Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Nadie —respondió Altamont—, pero supongo que al fin nos detendremos en alguna parte.
—¿Dónde? —preguntó Hatteras.
Por primera vez se dirigÃa al americano esta pregunta categórica. El doctor hubiera dado uno de sus brazos para detener aquella discusión.
Viendo que Altamont no respondÃa, el capitán renovó su pregunta.
—¿Dónde? —dijo con insistencia.
—Donde vayamos —respondió tranquilamente el americano.
—¿Y quién lo sabe? —preguntó el doctor, con acento conciliador.
—Yo sostengo —repuso Altamont— que si queremos aprovechamos del mar polar para regresar, podremos intentar ganar el mar de Kane, que nos conducirá más directamente al mar de Baffin.
—¿Lo creéis? —dijo irónicamente el capitán.
—Lo creo, como creo que si alguna vez estos mares boreales se hacen practicables, se llegará a ellos por el camino de Kane, que es el más directo. ¡Oh! ¡Qué gran descubrimiento el del doctor Kane!
—¿De veras? —dijo Hatteras mordiéndose los labios.
—Sà —dijo el doctor—, no se puede negar, y es preciso dejar a cada cual su mérito.