Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sigámosle aún —replicó él doctor—. En marzo, reducido a dos terceras partes de ración, a consecuencia de un invierno muy riguroso en que faltó la caza, McClure determinó enviar a Inglaterra la mitad de su tripulación; ya fuera por el mar de Baffin, ya por el rÃo Mackenzie y la bahÃa de Hudson. La otra mitad debÃa reconducir el Investigator a Europa. Escogió a los hombres más achacosos, a quienes hubiera sido más funesta una cuarta invernada, y todo estaba dispuesto para su partida, que se habÃa fijado para el 15 de abril, cuando el 6, mientras se paseaba por los hielos, con su teniente Creswell, McClure vio venir hacia él, de la parte del Norte, a un hombre, y aquel hombre era el teniente Pim, del Herald, el teniente de aquel mismo capitán Kellet, a quien, como os he dicho al empezar, habÃa dejado dos años antes en el estrecho de Behring. Kellet, al llegar a Winter-Harbour, habÃa encontrado el documento que habÃa dejado McClure, por el cual se informó de su situación en la bahÃa de Mercy, y le envió su teniente Pim. SeguÃa a éste un destacamento de marineros del Herald, entre los cuales se hallaba el alférez de navÃo francés, M. de Bray, el cual sirvió voluntariamente en el estado mayor del capitán Kellet. Supongo que no dudáis de este encuentro de nuestros compatriotas…
—De ninguna manera —respondió Altamont.