Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pues bien —dijo Hatteras—, haber llegado por un lado y salido por otro es lo que se llama haber pasado.
—Sà —respondió Altamont—, pero atravesando 470 millas sobre los hielos.
—¿Y eso qué importa?
—Importa mucho —respondió el americano—. ¿Fue el buque de McClure el que hizo la travesÃa?
—No —respondió el doctor—, porque después de una cuarta invernada, McClure tuvo que abandonarlo en medio de los hielos.

—Pues bien, en un viaje marÃtimo quien ha de pasar es el buque y no el hombre. Si alguna vez se dice que la travesÃa del Noroeste es practicable será por haber hecho esta travesÃa en buque y no en trineos. Es preciso que sea el buque el que lleve a cabo el viaje, o, a falta del buque, la lancha.
—¡La lancha! —exclamó Hatteras, que vio una intención evidente en las palabras del americano.
—Altamont —dijo al momento el doctor—, hacéis una distinción pueril, y, respecto del particular, decimos todos que no tenéis razón.
—Fácil os es quitármela —respondió el americano—, sois cuatro contra uno. Mas no por eso dejaré de conservar mi opinión.