Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sin duda, pero el Norte en esta cuestión no es más que una palabra. El polo del frÃo es lo que debemos considerar, es decir, aquella inmensidad glacial en medio de la que hemos invernado con el Forward, pues, a medida que subimos, nos alejamos de la parte más frÃa del Globo, y debemos, por tanto, encontrar más allá lo que más acá encontraron Parry, Ross y otros navegantes.
—¡En fin! —dijo Altamont lanzando un suspiro—. ¡Hasta ahora más parecemos viajeros que cazadores!
—Paciencia —respondió el doctor—. El paÃs tiende a variar poco a poco, y me llevaré un solemne chasco si no encontramos caza en las hondonadas en que la vegetación haya encontrado algún medio de deslizarse.
—¡Preciso es confesar —replicó el americano— que atravesamos una comarca tan inhabitada como inhabitable!
—¡Oh! Eso de inhabitable es una palabra hueca —respondió el doctor—. Yo no creo que haya comarcas inhabitables. El hombre, a fuerza de sacrificios, gastando una generación tras otra y con todos los recursos de la ciencia agrÃcola, acabarÃa por fertilizar este paÃs.

—¿Lo creéis as� —dijo Altamont.