Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Y empezó a despedazar al toro, al cual llamaba «el toro de la reconciliación», pero con tanta destreza que parecía un cirujano practicando una autopsia delicada.
Sus dos compañeros lo miraban sonriéndose. En pocos minutos, el hábil práctico sacó del cuerpo del animal un centenar de libras de excelente carne; la dividió en tres partes, cargando cada cual con la suya, y emprendieron los tres directamente el camino del
«Fuerte Providencia».
A las diez de la noche, marchando a la claridad de los oblicuos rayos del sol, los cazadores llegaron a la «Casa del Doctor», donde Johnson y Bell tenían preparada una buena cena.
Pero antes de sentarse a la mesa, el doctor exclamó con acento de triunfo, indicando a Johnson sus dos compañeros de caza:
—Amigo Johnson, salieron de aquí conmigo un inglés y un americano, ¿no es verdad?
—Sí, señor Clawbonny —respondió el contramaestre.
—Pues bien, vuelvo con dos hermanos.
Los marineros tendieron alegremente la mano a Altamont; el doctor les refirió lo que el capitán americano había hecho por el capitán inglés; y aquella noche la casa de nieve albergó a cinco hombres completamente dichosos.