Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Qué están haciendo? —dijo el doctor a Johnson.
—Los examino como vos, señor Clawbonny —respondió el viejo marino—, y no comprendo sus ademanes.
—Habrán encontrado huellas de animales —dijo Hatteras.
—No puede ser —contestó el doctor.
—¿Por qué?
—Porque Duck ladrarÃa.
—Huellas son, sin embargo, lo que observan.
—Adelante —dijo Hatteras—. Pronto sabremos a qué atenernos.
Johnson excitó a los perros, los cuales tomaron un trote más rápido.
Veinte minutos después, los cinco viajeros estaban reunidos, y Hatteras, el doctor y Johnson participaban de la sorpresa de Bell y Altamont.
En efecto, huellas de hombres, visibles, incontestables y frescas, como si fuesen de la vÃspera, se veÃan diseminadas por la nieve.

—Son esquimales —dijo Hatteras.
—En efecto —respondió el doctor—, he aquà las impresiones de sus abarcas.
—¿Lo creéis? —dijo Hatteras.
—Es indudable.