Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras La falúa no había sufrido nada durante su viaje en el trineo. Se hallaba en perfecto estado, y se manejaba fácilmente. Johnson estaba en el timón, y el doctor, Bell y el americano se habían recostado lo mejor posible entre los efectos del viaje, de los cuales algunos había sobre cubierta y otros debajo.
Hatteras, colocado en la proa, tenía fija la mirada en aquel punto misterioso hacia el cual se sentía atraído por una fuerza irresistible, como la aguja imantada hacia el polo magnético. En caso de presentarse alguna costa, quería ser el primero en reconocerla. Tan grande honor le pertenecía realmente.
Notaba, además, que la superficie del océano polar estaba formada de olas pequeñas, tales como se producen en los mares encajonados. En esto veía el indicio de una tierra próxima, y el doctor participaba acerca del particular de su opinión.
