Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Algunos de aquellos monstruos aéreos desplegaban hasta veinte pies de envergadura; cubrían enteramente la falúa bajo sus alas, y había allí, por legiones, aves cuya nomenclatura no apareció jamás en el Index Ornithologus de Londres.
El doctor estaba aturdido al reconocer la ineficacia de su ciencia.
Después, cuando su mirada, dejando las maravillas del cielo, se deslizaba por la superficie de aquel océano tranquilo, encontraba producciones del reino animal no menos asombrosas, y, entre otras, medusas que tenían hasta treinta pies de longitud, servían para la alimentación general de la muchedumbre aérea, y flotaban como verdaderos islotes en medio de algas y de fucos gigantescos. ¡Qué objeto de asombro! ¡Qué diferencia entre ellas y aquellas otras medusas microscópicas observadas por Scoresby en los mares de Groenlandia, cuyo número evaluó aquel navegante en veintitrés trillones ochocientos ochenta y ocho billones, novecientos mil millones en un espacio de dos millas cuadradas![44].
