Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En fin, cuando, más allá de la superficie líquida, la mirada se abismaba en las aguas transparentes, no era menos sobrenatural el espectáculo que ofrecía aquel elemento surcado por millares de peces de todas las especies, que tan pronto se hundían rápidamente en lo más profundo del abismo, y se les veía disminuir poco a poco, decrecer, borrarse a la manera de espectros fantasmagóricos, como dejaban las profundidades del océano, y subían creciendo a la superficie de las olas. Los monstruos marinos no se asustaban en lo más mínimo al ver la falúa; la acariciaban, al pasar, con sus enormes aletas, y allí donde los balleneros de oficio se hubieran con mucha razón amilanado, los navegantes no tenían siquiera la conciencia de que estaban corriendo algún peligro; y, sin embargo, algunos de aquellos habitantes del mar alcanzaban formidables proporciones.