Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Era el Forward un bergantÃn de ciento setenta toneladas, provisto de una hélice y de una máquina de vapor de ciento veinte caballos de fuerza. Fácil era que la generalidad le confundiese con los demás bergantines del puerto. Pero si nada extraordinario ofrecÃa a los ojos de los profanos, en cambio las gentes del oficio echaban de ver en él ciertas particularidades que no podÃa dejar de pasar inadvertidas ningún marino.
Asà es que a bordo del Nautilus, anclado a no mucha distancia, un grupo de marineros se deshacÃa en conjeturas sobre el destino del Forward.
Uno de ellos decÃa:
—¿Qué no da que pensar esa arboladura? ¿Desde cuándo los buques de vapor van aparejados con tanto velamen?
—Preciso es —respondió un contramaestre de cara ancha y colorada— que el tal buque cuente más con su arboladura que con su máquina, y no hubieran dado tanta anchura a sus velas altas si no previesen que las bajas se verán con frecuencia en la imposibilidad de tomar viento. AsÃ, pues, no es para mà dudoso que el Forward está destinado a recorrer los mares árticos o antárticos, donde las montañas de hielo no dejan circular el aire tanto como conviene a un buque emprendedor y sólido.
