Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Es indudable, por dos razones; la primera, es que nos hallamos más cerca del centro del Globo, el cual, por consiguiente, nos atrae más, y esta fuerza de atracción no es otra cosa que el peso. La segunda es que la fuerza de rotación, nula en el Polo, es muy marcada en el ecuador; los objetos tienen en este último lugar una tendencia a separarse de la Tierra, y son, por lo tanto, menos pesados.
—¡Cómo! —dijo Johnson—. ¿No tenemos el mismo peso en todas partes?
—No, Johnson. Según la ley de Newton, los cuerpos se atraen en razón directa de las masas, y en razón inversa del cuadrado de las distancias. Aquí yo peso más porque estoy más cerca del centro de atracción, y en otro planeta pesaría más o menos, según la masa del planeta.
—¡Cómo! —exclamó Bell—. ¿En la Luna…?
—En la Luna, mi peso, que es de doscientas libras en Liverpool, no sería más que de treinta y dos.
—¿Y en el Sol?
—¡Oh! En el Sol pesaría más de cinco mil libras.
—¡Gran Dios! —exclamó Bell—. Se necesitaría entonces una máquina para levantar vuestras piernas.